domingo, 24 de octubre de 2010

Libertad

Esos hechos hicieron cambiar de rumbo, ya no merecía la pena ni siquiera recordar lo que había significado.
Le hacía daño recordar el último año de su vida, marcado por historias, la mayoría dolorosas.
Había intentado engañarse, asumir las culpas de algo que no tenía sentido y seguir construyendo un futuro falso que al final acabaría cayendo por su propio peso.
Se disculpaba con frases como "lo que siento por él puede con todo", pero no se daba cuenta de que estaba pudiendo con su vida, con su optimismo, con la alegría a la que todo el mundo había acostumbrado.
Las mentiras reinaban su día a día y ella ya había pasado a segundo plano. A penas tenía ganas de luchar por lo que siempre tuvo muy claro.
Pero la situación giró 180 grados. Poco a poco fue desengañándose. Su sonrisa, sus caricias y sus lágrimas no debían pertenecerle.
No era de las personas que se arrepiente de lo que ha hecho, pero a veces, en situaciones extremas conviene hacerlo cuanto antes para poder salir del lado oscuro donde, como una muñeca vieja había sido dejada hace ocho meses.
Empezó a desnudarse... se liberó de todo aquello y ni siquiera quiso guardarlo, prefirió deshacerse de ello...

No hay comentarios:

Publicar un comentario