sábado, 9 de octubre de 2010

No las tiene.

Amar sin condición, sin fronteras.
Llegar a la cama y conocer dónde tiene sus puntos débiles, recorrer su piel como si fuera la primera vez. Mirarle y creer que llevas toda una vida junto a él.
La ternura inunda la habitación y sus caricias hacen perderte. Cada te quiero te suena al primero.
Ganas de más, de todo con él. Tu pelo se enreda con las sábanas y él recorre cada una de tus curvas mientras sigue recordándote que para él lo eres.
Eres, según él, con quien querer seguir compartiendo momentos como estos, mágicos.
Crees que sueñas, pero sus besos vuelven a despertarte. La pasión se apodera de ti, de él y volvéis a dejaros llevar.
Sólo una tímida vela es testigo de lo que allí sucede y nosotros, los únicos protagonistas.
Le miro y le sonrío. Él ya conoce cada uno de mis gestos y sabe qué significa esa sonrisa.
Es increíble la de sentimientos que se han encontrado en una única habitación, pero más increíble es la protección que sientes abrazada a él, en su cama. Por unos momentos, tuya también.
Sus besos vuelven a llenar de ternura la escena y ahí, ahí es cuando te das cuenta de que lo que sientes por él, no tiene fronteras.

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